jueves, 6 de septiembre de 2012

ORIGENES... PUERTO VALLARTA!!


Durante la primera parte del siglo XIX, la boca del Río de Cuale, permaneció aislado del resto del mundo. Los focos de actividad económica estaban en las montañas, en los pueblos de Cuale, San Sebastián y Mascota, dónde abundaban las minas de plata.
Puerto Vallarta se localiza en la Costa del Pacífico, en una de las más grandes bahías del mundo (miembro del club "Las Bahías más Bonitas en el Mundo"). La Bahía Banderas mide 42 kilómetros de norte a sur. El límite norte de la bahía está en Punta Mita que es el fin de las montañas de la Sierra de Vallejo, y al sur, la bahía termina en Cabo Corrientes, parte de las colinas de la cordillera Sierra de Cuale.
Durante el siglo XVI, era una necesidad vital tener puertos seguros a lo largo de la Costa del Pacífico para las naves que volvían de las Filipinas como refugio en caso de ataques de piratas.También eran necesarios durante los largos viajes, y en viajes desde y hacia Oriente para que las naves pudieran ser reparadas si fuese necesario y las tripulaciones pudieran tomar provisiones.
 

Se sabe que se construyó un astillero en la bahía en 1644 (probablemente donde hoy se localiza Mismaloya) y se construyeron dos naves para Bernardo Bernal de Pinadero que se usarían en la colonización de Baja California. En el siglo XIX, el sitio que es hoy Puerto Vallarta se usó para la carga y descarga de suministros y materiales para las compañías mineras que trabajaron las minas de Cuale y San Sebastián. En ese momento el sitio se conocía como Las Peñas.


 
 
                                                                                     
En 1851, Don Guadalupe Sánchez Torres, originario de Cihuatlán, Jalisco, empezó a hacer entregas regulares de sal a Las Peñas, ya que las minas requerían grandes cantidades para refinar la plata. Don Guadalupe realizaba estos viajes en su pequeño barco, desde San Blas o desde las Islas Marías. Él y sus hombres armaron una pequeña construcción con troncos de árboles y palmas para tener un sitio dónde descansar y resguardarse del sol mientras la venta se cargaba sobre burros para el transporte hasta las minas. A fines de 1851, Don Guadalupe decidió traer a su familia a Las Peñas. Con la llegada de ésta y otras familias, poco a poco el pueblo creció, al igual que su economía. Algunas familias traían sal y otras empezaron a dedicarse a la agricultura o al ganado.
 
En marzo de 1914, fue inaugurada la primera oficina de correo y en septiembre del mismo año se instaló un telégrafo.







En 1918,  se le concedió a Las Peñas el título de municipalidad, así como un nuevo nombre: Puerto Vallarta, en memoria del abogado ilustre y Gobernador de Jalisco, Don Ignacio L. Vallarta



En 1925, cuando la Compañía de Fruta Montgomery compró aproximadamente 70,000 de los acres cercanos a Ixtapa, Vallarta empezó a florecer debido al exceso de trabajos disponible en las plantaciones de plátanos recientemente abiertas. Se construyó una vía férrea para transportar los plátanos de Ixtapa al estuario El Salado, donde se cargaban los barcos que los llevaban a Estados Unidos de América. Esta operación acabó en 1935. Otros productos que eran cultivados en el área como el maíz, los frijoles, tabaco y pequeños cocos usados para obtener su aceite, fueron enviados al interior para ser vendidos en el mercado nacional.


 
 


Alrededor de 1930, turistas nacionales y extranjeros empezaron a venir a Puerto Vallarta y regresaban año tras año; pasaban sus vacaciones disfrutando la tranquilidad y la gran belleza natural del puerto. Poco a poco, se corrió la voz y cada año llegaban más turistas.

 
 
 
En 1951, cien años después de su fundación, Puerto Vallarta celebra en grande. Tres naves llegaron a la bahía para saludar al pueblo con 21 disparos de cañón; tres aviones aterrizaron en Los Muertos, llenos de reporteros y camarógrafos.
 
 
 
 
 
El 11 de noviembre de 1954, la aerolínea Mexicana de Aviación inauguró su vuelo Guadalajara-Puerto Vallarta. Aeronaves de México (AeroMexico) había disfrutado un monopolio en la ruta a Acapulco.

 
Mexicana encontró en Puerto Vallarta un destino para competir con la famosa bahía en Guerrero. Los visitantes empezaron a venir de otros pueblos mexicanos y del extranjero.


La llegada de Guillermo Wulff, como un invitado en el primer vuelo de Mexicana a Puerto Vallarta, marca el principio de la segunda fase en la construcción material del pueblo. Fue él quién introdujo la cúpula como un elemento arquitectónico en varias casas que construyó entre el Barranco del Gringo y Mismaloya, dónde obtuvo un muy oportuno contrato de 90 años.
 
Fue precisamente Guillermo Wulff quien instó a John Houston para que fuera Mismaloya el set para “La iguana”. Con su playa ancha y el bosque tropical como telón de fondo para el único set expresamente construido para la película, el sitio era perfecto, y después de unos meses estaba listo para la primera llamada de "acción". Filmar, sin embargo, no fue exactamente sencillo. Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo mexicano, tuvo momentos especialmente difíciles sacando e instalando el equipo de iluminación y plantas de energía en la selva con el mar como el único acceso. Era el año 1963.
 
 
 
Por primera vez, Puerto Vallarta recibió simultáneamente a las grandes estrellas de Hollywood, las celebridades nacionales, e intelectuales de E.U.A.. Deborah Kerr, Ava Gardner, Sue Lyon y Richard Burton encabezaron el reparto que también incluyó a Emilio "El Indio" Fernández. Tennessee Williams, el autor de La Noche de la Iguana, frecuentemente visitó el set, siempre en compañía de Gigi, su querido perro poodle que, según John Huston, a menudo padecía de insolación. Por otro lado, Liz Taylor, a veces acompañada por sus dos hijos, pasaba la mayoría del tiempo con Burton, de quien estaba profundamente enamorada. Encantados por la magia de Puerto Vallarta, Richard y Elizabeth compraron una casa, Casa Kimberly, y se volvieron el centro de un grupo bastante grande que, según los cercanos a ellos, ciertamente la pasaban muy bien. John Huston construyó su casa en la pequeña ensenada de Caletas dónde vivió hasta su muerte.
 Esta extraordinaria reunión de celebridades, capturada en un lugar inusual y extraño fue demasiado tentador para la prensa internacional que pronto empezó a llegar en hordas. Además de los tabloides sobre las estrellas famosas, los medios de comunicación mostraron la belleza prístina del lugar. Desde ese momento, Puerto Vallarta dejó de ser "un secreto bien guardado esperando ser descubierto".




Ante las crecientes demandas del turismo, la necesidad de una respuesta adecuada de las autoridades e inversionistas se volvió inminente y el gobernador de Jalisco de 1965 a 1971, Francisco Medina Ascencio, estuvo ahí para promover el cambio. A través de sus esfuerzos Puerto Vallarta se equipó con la infraestructura requerida para el desarrollo urbano de un destino turístico moderno. Sus esfuerzos y necesidades alcanzaron al Presidente mexicano y así, Puerto Vallarta ascendió a la categoría de ciudad en mayo de 1968, y se concedieron los fondos para construir un puente sobre el río de Ameca, la carretera costera de Barra Navidad a Puerto Vallarta, el camino de Compostela a Las Varas y Puerto Vallarta y el Aeropuerto internacional llamado Gustavo Díaz Ordaz en honor del presidente en turno. Durante el gobierno de Medina Ascencio fueron construidos el hotel Camino Real y una sucursal del Banco Nacional de México (Banamex). Gracias a su influencia, la ciudad disfrutó pronto de energía eléctrica y telefonía. Además, se construyó el primer puerto en Jalisco en El Salado. Uno de los grandes logros de Medina Ascencio fue conseguir que los presidentes de E.U.A. y México se encontraran en la recientemente designada ciudad. Él supo que esto daría una exposición internacional a la ciudad. Fuera de toda esta actividad promocional, el Presidente le dio la concesión a Air France para abrir un vuelo París-Montreal-Guadalajara-Puerto Vallarta, atrayendo así al turismo europeo.
 


En 1970, el Presidente firmó un decreto declarando el "desarrollo residencial y turístico en las tierras circundantes de Bahía de Banderas en los estados de Nayarit y Jalisco, así como las existentes comunidades" de conveniencia pública. Motivado por esto, el presidente expropió 1026 hectáreas que, en 1973, se comenzaron a regular a través de la fundación del Fideicomiso de Puerto Vallarta.  Fue sólo después de 1973 que comenzó la construcción de grandes hoteles, como el Sheraton Buganvilias inaugurado en 1980.


Entre 1980 y 1990 la población de Puerto Vallarta casi se duplicó de 57,000 a 112,000 ciudadanos. Por 1985 el flujo de turismo e inmigrantes exigió, por un lado, la construcción de nuevos hoteles y por otro el desarrollo de opciones residenciales para sus empleados y ejecutivos. El centro de la ciudad de Puerto Vallarta no era suficientemente grande para sostener esta expansión y nadie quiso ver edificios altos obstruyendo la vista de la bahía o destruyendo la típica atmósfera del pueblo mexicano de la ciudad.


 
Con mucho tino, los hermanos Martínez Güitrón, de Guadalajara, empezaron a construir la Marina Vallarta. Impecablemente planeado, el desarrollo finalmente incluiría una escuela, condominios, un sitio residencial, un centro comercial y grandes propiedades hoteleras. El adecuado trabajo en la Marina, con sus 450 espacios para botes y yates, se inició en 1986 y para 1990 la Marina estaba en pleno desarrollo. El proyecto estuvo básicamente acabado para 1993, antes de lo planeado.
A diferencia de Cancún, Ixtapa o Huatulco, Puerto Vallarta es, de algún modo, un destino accidental. Nadie se propuso poner a Puerto Vallarta en el mapa turístico, por lo menos no en los primeros años. Aun cuando Puerto Vallarta es hoy comparado con Bali, Nueva Zelanda o Ibiza, todavía mantiene su propia identidad. La belleza natural de Bahía de Banderas, con sus aguas profundas (calurosas o refrescantes dependiendo de la estación), mantiene una biodiversidad inmensamente rica. Pueden admirarse lagunas y pájaros durante todo año, mientras que las ballenas y delfines juguetean en la bahía durante algunos meses al año. Hay pescado para cocinarse en ceviche o asado en parrillas; el Pez Vela es digno de torneos internacionales y los peces de vívidos colores pueden ser admirados buceando bajo de la superficie del agua de la bahía. En las colinas, el bosque tropical da la bienvenida a motociclistas, jinetes a caballo y ciclistas montañeses. Cruzando los arroyos y refrescándose en fosas formadas por sus cascadas, los exploradores aprenden a distinguir las higueras de las parotas y amapas. Durante los meses de verano, en las playas, por la noche, las tortugas marinas ponen sus huevos. La Bahía de Banderas es definitivamente una maravilla y un fuerte atractivo para el turismo.



Hoy, Puerto Vallarta ocupa una posición importante entre el resto de los sitios turísticos internacionales del mundo y es realmente el lugar "donde México cobra vida". Venga a comprobarlo usted mismo, lo esperamos con los brazos abiertos.
 

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